
Su apariencia te recordará al clásico guachinche de la isla. La terraza cubierta, que bien podría ser el garaje de la casa, las mesas, con bancos atornillados al suelo, el ambiente, sitio familiar… Además, en su carta conviven las tapas de siempre —como tortilla, croquetas, boquerones en vinagre, pimientos de Padrón— y cocina canaria, con auténticas recetas germanas.
Tal y como se ha venido desvirtuando con el tiempo el término «Guachinche», que se ha convertido en un cajón de sastre en el que ya cabe todo, pues si, podría decirse que es uno. Espero que los propietarios no se tomen a mal que los compare con un guachinche. La comparación es para bien. Lo primero que me gustó cuando pasamos un día por delante con el coche, fué precisamente eso. Nos pareció un sitio curioso y acogedor, y nos dijimos: «un día venimos a probar».
A ese día han seguido unos cuantos más, ya que además se come muy bien. En contra de lo que pensaba, hay bastante clientela nacional. Allí el ambiente es peculiar. Totalmente pet friendly, de vez en cuando el cocinero, joven y con buena mano, deja la cocina, que está a la vista, para ir por las mesas o sentarse a charlar con los clientes. En general, ambiente tranquilo, donde parece que el tiempo pasa un poco más despacio. Por eso hay que ir con paciencia. Y si van en plan de compartir, comentarle a la persona que atiende que vaya sacando los platos según estén, porque nos ha pasado que se nos olvida comentarlo, y esperan a que estén todos los platos terminados para servirlos, todos juntos. Con lo cual la espera se hace más larga, y luego se acumulan platos en la mesa.

El sitio, que no lo he dicho todavía, se llama Park Café Taoro, y está en el Puerto de la Cruz, en el Norte de Tenerife. Alejado del bullicio del casco, está por la zona alta, cerca del parque de Taoro. Aunque la zona del parque y el Hotel tienen bastantes sitios, no resulta fácil, según el día, encontrar aparcamiento.
¿Que les digo de su carta?. Además del toque nacional que les comenté, pueden encontrar desde una Lasaña a un Cordon Bleu, Gambas al ajillo o pechuga de pollo. Pero cuando venimos aquí venimos a lo que venimos: a viajar con el paladar a través de sus platos típicos y diferentes. Tienen la opción de una especie de degustación de sus platos, servidos en pequeñas cazuelitas sobre unas tablas, para que prueben más variedad.

Los dos platos que nunca fallan cuando vamos son el tremendo (por el sabor y su tamaño) Queso Camembert, y el Currywurst, esas grandes salchichas con la salsa, que está riquísima.
Un detalle de la casa: la mayoría de estos platos vienen acompañados de una ensalada fresca. No es la típica guarnición; le ponen un aliño especial de la casa y unas uvas cortadas que le dan un toque dulce delicioso.

Esta vez pedimos por primera vez un plato (el que acompaña al título arriba), que podrían parecer unos huevos rotos, pero no. Debajo de esos huevos, viene un pastel de carne muy bueno, con sus papas fritas. Tres platos contundentes, y para finalizar con un toque dulce, tienen varias tartas elaboradas por ellos. Hemos probado la de ruibarbo, de queso y creo que de zanahoria o calabaza, no recuerdo bien. En esta ocasión probamos el lemon pie, muy rico.
Sea un Guachinche alemán o no, lo bueno es que se pasa un rato agradable en esa zona tranquila del puerto, y siempre es bueno probar cosas diferentes. Para beber, nosotros somos de cañas, y cayeron 6 (para 3 personas).

Valoración del sitio: ★★★★
Mejor plato: Currywurst.
Precio:(A compartir 3). 20€.
Aparcamiento: Un poco dificil.
