
Una vez más, rendimos visita a este sitio, que años ha fué lo más parecido a un Guachinche, sin llegar a serlo del todo, donde se comía muy bien. En esa zona de Guamasa conocí dos: Este, que se llamaba igual que ahora, y otro que estaba un poco más al fondo de la calle, llamado el lechero, donde preparaban una ropa vieja que hacía peregrinar a la gente allí a probarla. Hablo en pasado, pero en realidad no sé si está cerrado ya.
Ya he dicho que está en Guamasa. Para el visitante que venga por el aeropuerto del Norte, le queda muy cerca. Es un pueblo perteneciente a San Cristóbal de La Laguna, rodeado de valles y montañas, desde donde se inician rutas de senderismo, y donde puede se puede disfrutar el admirar un entorno rural, a poca distancia del del bullicio del centro lagunero, lo que hace ser un sitio a visitar, además de por su oferta gastronómica, que tiene bastante.

Ese guachinche se llamaba «Casa Portela», del cual queda el nombre, y creo que el cañizo de uno de los comedores. El interior, que ha sufrido algunos cambios estéticos, sigue conservando ese aspecto de Guachinche, pero con un aire más elegante. Lo que no tiene nada que ver es la oferta gastronómica, que si bien basa algunos de sus platos en la cocina canaria, han puesto toda su creatividad en marcha para darles una vuelta elevándolos a nivel gourmet, con un atractivo visual y unos sabores deliciosos, sin utilizar ingredientes muy rebuscados.

Hemos estado en varias ocasiones, y se podría decir que hemos probado casi toda su carta. No es muy extensa, hay pocos platos pero muy buenos. Y siempre tienen algún fuera de carta. Y en éste tiempo han ido cambiando algunos platos. Hemos probado allí en otras ocasiones una Ropa vieja muy rica, unos calamares rebozados con gofio, una versión de papas, piñas y costillas, donde la costilla estaba hecha a baja temperatura, que se deshacía sola, y la piña venía en forma de puré; unos ravioles de batata y almogrote, y un postre muy bueno que lo único que recuerdo era que tenía galletas cubanitos. Más canario que eso… . Por cierto, no lo vi en carta esta vez.

Lo que me quedé sin probar un par de veces fué el arroz negro. La primera vez vi pasar un plato que la pinta y el olor nos hizo pedirlo ya empezada la comida, y resultó que era la última ración que les quedaba. Al tiempo fuimos de nuevo, y de nuevo se les había terminado.

A la tercera fué la vencida. ¡Que rico estaba el arroz!. El sabor, la textura, casi de risotto, con bastantes calamares, y los langostinos muy sabrosos, con ese aliño que parecía (o era) mojo verde, y el alioli, que sólo está muy bueno, pero que mezclado con el arroz mejoraba aún más el sabor. Y, terminado el plato, lo dejamos limpio sopeteando pan en el caldito. Muy, muy bueno.

Como les comentaba, habían cambiado un poco la carta. De hecho, esta vez sólo repetimos la ensaladilla, porque siempre cae, está tremenda, con ese pulpo a la gallega que le da un sabor diferente. Lo demás lo probamos por primera vez. Y, fiel a su estilo, platos muy ricos con algún toque canario, y añadiéndole detallitos que, además de ser visualmente impactantes, le añaden sabor. Y de los postres, ya habíamos probado el semifrío de coco y piña, bueno, pero me gustó mas la torrija.
Para beber, para los que calculan el precio, fueron seis cañas y dos refrescos, y tres cestas de pan (había mucho donde mojar). El servicio, como siempre, bueno. Es verdad que a veces cuando se va llenando la cosa se demora un poco más, pero nada exagerado, por lo menos las veces que hemos ido. Y el ambiente es tranquilo incluso cuando se llena, y se puede disfrutar de un rato agradable. Recomendable
Valoración del sitio: ★★★★★
Mejor plato: El arroz negro.
Precio: Precio (4 a compartir ): 23€ p.p.
Aparcamiento: Un poco difícil
